rueda

Cuando pienso en el mundo en general, me imagino unas diez mil bolas repartidas por todo el mundo, todas absolutamente iguales, esenciales y singulares, desordenadas. Imagina la potencia que puede generar ese gran número de amores propios comparándose en él, consumiéndose en delirantes destinos, en cuyos principales instrumentos son las opiniones que tienen de sí mismos y de unos y los demás. Bolas girando y chocando entre ellas, abocadas a una eterna canditatura, afligidas en la grandeza y la persecución de lo absurdo.
Todo de bolitas, rellenas de una pequeña justicia y una enorme injusticia que entremezcladas, dotan de sentido a la vida. Energía contradictoria queriéndose separar y a su vez indivisibles, una dotada de sonidos graves y la otra de pequeños quejidos agudos. Una llena de ego y la otra de amor.
Y así, dignificándose, las bolitas gestionan esas dos caras pisando o dejándose pisar entre ellas.

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