Reinventarse. Caer y levantarse.
Hazlo, porque a veces es necesario caer y reinventarse, después de levantarte.
Tenemos días malos, semanas malas, meses malos, épocas malas, pero eso solo son momentos temporales, más cortos o más largos, esos momentos terminan y dan paso a lo que llaman 'la calma después de la tormenta'. Aún así, yo soy de las que ha acabado creyendo que en cada día, por muy horrible que sea, hay que aferrarse a las cosas buenas, aunque sea el mínimo detalle, como una sonrisa regalada por la calle.
Nunca sabes en qué momento puede cambiar tu vida. Debes de relajarte, dejar de compadecerte de ti mismo y de lo miserable que puede llegar a ser tu vida, porque eso no te dejará avanzar. Crecer es aprender de los errores, y no obcecarse en ellos y quedarse atrapado en la depresión. Es aceptarse a uno mismo, y aceptar también que todos cometemos fallos. Pero eso no es algo malo, es algo que sucede en la vida, cada vez más compleja. No merece la pena hacer todo aquello que se supone que deberías hacer, porque no le debes nada a nadie. Haz lo que realmente te apetezca, y no hagas lo que se supone que debes hacer más veces de las que deberías. No te pongas la máscara de la perfección, porque sólo estarás engañándote a ti, no a los que te rodean, porque no hay ninguna necesidad de aparentar ser lo que no eres. No te disfraces de valiente, no escondas tus miedos. Eres una persona con sentimientos y pensamientos, y debes liberarte de los miedos del qué dirá la gente. Porque lo único importante es ser tú mismo, desquitarte de lo inculcado y inculcarte tus propios valores, moldearte a ti mismo, no dejarte moldear.
Caer, levantarse y reinventarse para no perderte en el dédalo que es la vida. Recréate, pero no a su imagen y semejanza. Sé tu mismo.
Es momento de reinventarse, caer y levantarse.
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