Pues eso. Llega un punto en que ya no sabes cómo sostenerte, y la burbuja en la que te refugias va cayendo poco a poco... hasta que explota. Y explota cuando menos lo esperas. Así. Pum. Sin más. Y duele. Duele admitir que la estás cagando tu solo hasta el fondo. Duele admitir que no sabes hacerlo mejor. Duele admitir que siempre lo haces todo mal, que no sirves para nada. Duele. Sacar todo el asco que llevas dentro y echarte a llorar delante de todos. Que no eres fuerte, que eres débil. Borrar esa sonrisa de repente y mostrar verdaderamente quién eres. ¿Quién eres? Por favor... no lo sabes ni tú mismo. Lo único que sabes es que no lograrás nunca nada de lo que te propones, porque eres un puto desastre.
Mai
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