Supongo que la soledad, al fin y al cabo, no es otra cosa que esperarte. Ahora aguardo a la noche medio desnudo, para que me folle, hasta dejar preñada el alba de luces que se parezcan a tus ojos.
Y por un momento, otra vez, la vida haga tregua con mi sombra. Y te encuentre, en algún rincón de mi memoria.
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